11/1994 - China

Viaje a China de 17 días visitando Hong Kong, Guangzhou, Guilin, Xian, Suzhou, Shanghai con el Jardín del Mandarín Yuyuan, el Templo del Buda de Jade, el Bund y la casa de Zhou En Lai, Pekín con la Plaza Tiananmen (Puerta de la Paz Celestial), el Templo Tibetano, la Universidad de Confucio, el Templo del Cielo, la Ciudad Prohibida, el Templo Budista, la Vía Sacra, las Tumbas de la dinastía Ming, el Palacio de Verano y la Gran Muralla.

Llegamos a la bulliciosa ciudad de Hong Kong, vía París. Es una ciudad que creció en altura.

Visitamos la Bahía de Aberdeen, la playa y el Templo de Repulse Bay. No podía faltar un mini crucero por la Bahía de Hong Kong.

Partimos en tren desde Hong Kong con destino Guangzhou, ciudad a la que llegamos en menos de tres horas. Justo frente a nuestro hotel, por la mañana temprano, vimos una multitud de chinos haciendo gimnasia de diversas maneras, algunos armados con espadas largas, mientras que una banda los alentaba tocando música rítmica.

Visitamos el Mausoleo Chen con sus magníficos jardines, también la Pagoda de Sey Banyani (Templo de los Seis Árboles Banyan) y el Mausoleo de Sun Yat-sen. Es notable la belleza de las estatuas de terracota finamente pintadas, en particular las del Mausoleo de Sun Yat-sen.

Una mención especial para el mercado cubierto de Quingping donde venden todo tipo de comestible existente: desde verduras hasta serpientes, desde pescado hasta tortugas,  desde mariscos a perros y  gatos.  El precio es más del doble si se adquiere el producto vivo en lugar de muerto. Quedamos muy impresionados al ver perros cortados en pedazos y a los más pequeños ofrecerlos lacados.

Tras un vuelo corto (una hora) llegamos a Guilin. En una excursión en barco admiramos el hermoso y sorprendente paisaje del Río Li (el río de las piezas de Jade). Durante el viaje disfrutamos de las magníficas escenas rurales con cormoranes, bueyes almizcleros, así como de las típicas aldeas flotantes.

Por la noche vamos a ver, siempre en el río Li, la pesca nocturna con cormoranes. El pescador cierra la garganta del cormorán el cual toma el pez con el pico pero no lo puede tragar. Cuando el cormorán vuelve al barco, el pescador le quita el pez.

Nos trasladamos a Xian que nos recibe con un clima decididamente invernal, después del calor y de la humedad  de las anteriores etapas. Visitamos la Pagoda del Ganso Salvaje y luego fuimos a ver el famoso ejército de terracota.

Otro vuelo y llegamos a Shanghai, donde continuamos el viaje en autobús hasta Suzhou, la “Venecia de China”.

De esta enorme ciudad (tiene casi dos millones de habitantes), visitamos la Colina del Tigre, sobre la cual se encuentra la homónima Pagoda. Cabe destacar las plantas tratadas con la técnica bonsái.

Suzhou también es famosa por la belleza de sus jardines.

Visitamos dos: el Jardín del Administrador Humilde y el Jardín del Pescador. Nos explicaron que a través de una ventana desde otro jardín se consiguen unas vistas llamadas “jardín prestado”, o bien aplicando en las ventanas vidrios de colores se obtiene el “jardín inventado”.

Regresamos en tren a Shanghai y quedamos asombrados porque parece una megalópolis Americana y no China.

Caminamos a lo largo del Bund y Nanjing Road. Trato de capturar con la cámara escenas de la vida cotidiana. No me pierdo la visita al Hotel Peace para escuchar a su célebre orquesta de Jazz.

En el corazón de la ciudad antigua visitamos el Jardín del Mandarín Yuyuan, característico por sus lagos, ríos, cuevas y muchas flores, así como un enorme dragón de piedra.

El Templo del Buda de Jade es el monumento más importante de la ciudad de Shanghai y le debe su fama a la estatua de casi dos metros de altura de Buda, de jade birmano, que pesa más de mil kilos.

Otra estatua hermosa es la del Buda reclinado.

Nos trasladamos a Pekín (Beijing), donde finalmente vemos el sol, después de la niebla matutina.

El impacto de la Plaza de Tiananmen (Plaza de la Paz Celestial), conocida en el mundo gracias a la filmación del hombre que desafió a los tanques, es impresionante.

Es de una magnitud inimaginable; parece estar vacía a pesar de que hay miles de personas en ella. La homónima puerta está dominada por una gigantografía de Mao Tse Tung.

Visitamos el Templo Budista Tibetano, también conocido como el Templo de los Lamas.

Se compone de varios pabellones con interesantes soluciones arquitectónicas que incrementan su encanto.

La Vía Sacra es el camino que conduce a las tumbas de la dinastía Ming. En sus laterales hay 24 animales (leones, camellos, elefantes y otros), arrodillados o de pie, y  12 personajes (oficiales militares, civiles y ancianos).

Luego vienen las trece tumbas de la dinastía Ming.

Visitamos la tumba Chang Ling que es la más importante: allí se encuentran los restos de Yong Le.

Se accede al patio a través de una imponente puerta, la Puerta de los Favores Eminentes, que lleva a una terraza de tres niveles de mármol blanco. Es espectacular el techo cubierto de tejas amarillas sostenido por grandes columnas de madera.

El camino sube hacia la Gran Muralla China y la altitud hace que la niebla se disuelva abriendo paso a la luz del sol.

Es impresionante por su tamaño (mide unos 4.000 Km de largo!) y resulta fascinante verla seguir por las cimas de las colinas y sus desniveles.  Tiene tal belleza que quita el aliento.

La Ciudad Prohibida nos recibe con su inmensidad.  Está protegida por un muro de unos 10 metros de alto y por un foso de 50 metros de ancho, tenía unas nueve mil habitaciones y la habitaban casi diez mil personas.

Es enorme la plaza frente al primero de los tres Pabellones, el Pabellón de la Armonía Suprema. Le siguen el  Pabellón de la Pureza Celestial y el Pabellón de la Paz Imperial.

Son maravillosas las decoraciones de las paredes, que se encuentran antes de la puerta de entrada a los aposentos reales, en cuyos lados hay dos leones de bronce dorado de gran belleza.  En la parte trasera hay un jardín y una pagoda.

El Templo del Cielo era el lugar donde el Emperador entraba en contacto con el cielo (considerado redondo para  los chinos en la antigüedad) y la tierra (considerada  cuadrada).

Comenzamos la visita en el Templo de las Oraciones para una buena cosecha, todo en mármol blanco.

Subiendo por una escalera se llega a la más alta de las tres terrazas, decorada con balaustres y columnas de mármol.

Luego visitamos el Altar Circular, también de mármol blanco, en cuyo centro se encuentra una piedra redonda (o muro del Eco) famosa por su acústica.

El Palacio de Verano era el palacio para las vacaciones de los emperadores, a unos 20 Km  de Pekín.

Dominado por la Colina de la Longevidad, sobre la cual hay Templos y Palacios de magnífica belleza, el palacio cuenta con varios jardines y pasillos cubiertos, finamente decorados.

En el lago Kunming, además del armonioso puente de los diecisiete arcos, se encuentra el barco de mármol donde el emperador recibía a los altos mandos de la marina.

Antes de culminar con estos breves recuerdos del viaje deseo recordar la belleza y la ternura que me transmitieron la gran cantidad de niños con los que nos cruzamos.

Por último, como acostumbro hacer, enseño las fotos de todos los aspectos curiosos del viaje.

Nuestro viaje a China ha llegado a su fin. Regresamos a Italia.