03/2007 - Libia 2^parte: el desierto, el Akakus y lagos de Ubari

Viaje de 2 semanas a Libia visitando Sebha, Germa, Msak Settafet, Wadi Methkandoush, Gran Wadi Imriwan, Idehan Murzuq, Msak Mellet, Paso Abahoa, Wan Kasa, Akakus, Wadi Wan Millal, Pozo Imenineh, Wadi Anshal, Arco Natural, Tezeren, Arco Tingaliga, Wadi Tashwinat, Tinankofot , Arco Inapolu, Wadi Melol, Wadi Adad, Awiss, Alkamar, Al Alweinat, Ubari, Lagos de Ubari, Lago Mandara, Lago Umm Al Maa, Lago Mavo, Lago Gebraoun, Tekerkiba.

 

Con un breve vuelo interno, aunque las horas de espera en el aeropuerto fueron muchas, abandonamos la Libia mediterránea para ir al corazón del desierto.

Aterrizamos en Sebha, para trasladarnos inmediatamente en auto a Germa, donde pasamos la noche.

A la mañana siguiente nos esperaban tres todoterrenos conducidos por conductores de Tuareg y comenzamos nuestra aventura por el desierto y por el Akakus.

Inicialmente recorrimos el Mesak Settafet, un desierto rocoso conocido como “océano de piedra”. Llegamos al Wadi Methkandous que es el sitio con la mayor y más antigua (16.000 años) colección de grabados rupestres de Libia.

Están representados muchos animales como cocodrilos, elefantes, jirafas, hipopótamos, avestruces, rinocerontes.

El grabado más significativo, por la ubicación,  su  belleza y conservación, es el de los “Gatos Luchando”.

Por la tarde cruzamos el Gran Wadi Imriwan,  llamado también Valle de la “Scia”, por las plantas que crecen allí (parecidas a la camomila) para adentrarnos luego en el corazón del Idehan Murzuq, cordillera formada por altas dunas de arena. Dentro de estas dunas acampamos para pasar la noche.

Todo en grupo estaba muy emocionado por tratarse de la primera experiencia durmiendo en tiendas de campaña, en las dunas del desierto. Fue interesante aprender a montar las tiendas, encender el fuego, con la leña que traíamos de Tuareg, para preparar la cena. Por no hablar de la Taajeelah, el pan de los tuareg, cocinado en la arena calentada por el fuego y cubierto con más arena, igualmente caliente.

A la mañana siguiente, partimos de las dunas de Murzuq, y comenzamos a recorrer lentamente un camino muy difícil por la gran cantidad de piedras negras que lo componen. Más tarde encontramos un sitio con grabados rupestres.

El camino se vuelve arenoso aunque rodeado por montañas de piedra negra: es el Msak Mellet.

Y es bajo la sombra de un gran árbol donde abrimos el …. “Restaurante de Venecia”.

Por la tarde, después de haber superado el Paso Abahoa, llegamos al mar de arena formado por las dunas de Wan Kasa (o Caza). Las dunas asumen diferentes colores dependiendo de la luz: van desde un rosa pálido a un gris claro. Y es en medio de estas dunas donde teníamos que pasar nuestra segunda noche en el desierto, pero Shik, nuestro guía Tuareg, por causa del fuerte viento que se levantó de imprevisto, creyó oportuno continuar hasta el Akakus donde es más fácil encontrar refugio del Garbi (que es el nombre del viento).

Abandonamos Wan Kasa y el paisaje cambia nuevamente: viajamos por una fina capa de arena, rodeados por una hilera de torres y pináculos de roca negra. A pesar de que Shik eligió para el camping un sitio muy protegido, por la noche fuimos molestados por un fuerte viento cálido.

A la mañana del día siguiente, nuestro tercer día en el desierto, partimos recorriendo el extremo norte del Wadi Wan Millal, hasta llegar al Pozo Imenineh.

Llegamos luego al Wadi Anshal donde nos detuvimos a visitar dos sitios de arte rupestre prehistórico:

-el primero con pinturas del “período de las cabezas redondas” (8.000-6.000 AC);

-el segundo con pinturas del “período pastoral” (5.500-2.000 AC).

Continuamos hasta llegar al Arco Natural, imponente y majestuoso (de casi 150m de altura), que es la formación rocosa más espectacular del Akakus.

Almorzamos bajo la sombra de una roca que sobresalía, con vistas al Arco Natural.

La temperatura era alta, así como la humedad y las molestas moscas estaban a la orden del día.

Por la tarde, después de haber cruzado otro lugar de arte rupestre prehistórica, pasamos por una zona llamada Terezen, en árabe significa “sitio hermoso”. Nos detuvimos un rato para montar el campamento en un lugar que nos puso sin duda al reparo del viento, fue la última noche que pasamos en la tienda de campaña.

Empezamos el cuarto día en el desierto visitando el Arco Tingaliga, antes de ingresar en el Gran Wadi Tashwinat (la entrada es de pago!!), en cuyo interior desarrolla su investigación el profesor Mori, cuya actividad describiré en la próxima galería.

Después de la pausa para el almuerzo encontramos el único pueblo Tuareg que aún existe, dentro del Wadi Tashiwinat.

Dejamos este Wadi para entrar en el área del Tinankofot que en árabe significa: mar de piedra.

Los paisajes son fantásticos mientras que es menos impactante el Arco Inapolu.

Recorremos velozmente sobra la dura arena el camino que atraviesa las dunas de Wan kasa, que se encontraban a nuestra derecha. En un momento Shik (que por el ser jefe su todoterreno siempre va primero), girar bruscamente a la derecha y comienza a subir, a alta velocidad, una duna muy empinada de arena, hasta llegar a la cima. Tuvimos la posibilidad de disfrutar de paisajes de gran belleza.

Tuvimos apenas tiempo de ponernos nuevamente en marcha que comenzó a soplar un fuerte viento trayendo consigo nubes y lluvia.

Llegamos de hecho al campamento de tiendas Alfaw con viento y lluvia que continuaron durante toda la noche.

Como he mencionado anteriormente, ese día visitamos varios sitios arqueológicos descubiertos por el profesor Mori.

En el primer sitio vimos las pinturas “tintaharari” (jirafas), luego un segundo sitio con pinturas que representan a dos elefantes y finalmente las pinturas de la cueva Tagrel (o Takdhalt) que representan a coloridas mujeres danzando.

Más tarde visitamos el lugar donde fue encontrado el esqueleto de un niño que vivió hace 5.400 años atrás y por último un sitio con escenas del matrimonio (en Wadi Melol).

Comenzamos nuestro quinto día en el desierto con una llovizna otoñal. No llovió más en todo el día, pero el día siguió estando nublado, cubierto de nubes oscuras de lluvia, lo que influyó en la calidad de las fotos.

Poco después de ponernos en marcha, hacemos una parada en Wadi Adad, símbolo de los tuareg, por una roca en forma de pulgar.

Ingresamos en la zona amplia de Awiss, formada por varios “wadi”, que nos regala un maravilloso espectáculo natural; viajamos sobre una alfombra de arena roja mientras que en los alrededores se levantan arcos, pináculos y rocas con las formas más inverosímiles.

También este día visitamos varios lugares de arte rupestre prehistórico que ilustro en la siguiente galería de fotos.

Después de la parada para almorzar, rodeados de camellos que pastaban, comenzamos a recorrer la zona del Akakus que en Tuareg llaman Alkamar, es decir “paisaje lunar”. Todavía arena, aún rocas negras, aún paisajes hermosos, aunque la presencia de las nubes, no nos permite gozar de una buena luz.

Terminamos el día con una emocionante final: Shik nos hace subir una duna con mucha pendiente con el todoterreno deteniéndose en la cima con “la panza” del vehículo, y luego bajo rapidísimo a pesar de la gran pendiente.

El primer lugar que visitamos tiene las pinturas muy arruinadas, no así el segundo que cuenta con pinturas coloradas que representan escenas de cacería que se remontan a un punto entre el “período pastoral” y el “período cabalino” (5.500-100 AC). En el último sitio admiramos pinturas del período de la gran fauna (10.000 -6.000 AC) que representan a tres elefantes.

Dejamos el Akakus con otro día de lluvia. A medida que nos alejamos el paisaje pierde su intensa belleza para dar lugar a una llanura de arena.

Encontramos un grupo de niños que juegan aunque sean los asignados para cuidar a un rebaño de cabras.

Estamos en Al Aweinat, el primer pueblo que encontramos después de pasar seis días en el desierto.

Habiendo reencontrado el asfalto hicimos una parada técnica para los todoterrenos: gasolina y aire para las llantas.

No nos dio ni tiempo de bajar del auto que ya estaba abierto… un mercadillo para los turistas.

La lluvia no nos abandona y los Tuareg improvisan una cocina y una mesa para almorzar dentro de una estación de radio/televisión abandonada.

Llegamos a Ubari donde nos hospedamos en el Fuerte edificado por los italianos en los años treinta, convertido en hotel.

El peor de todo el viaje (habitaciones sin baño privado y sin ventanas).

El último día en la zona desértica la dedicamos a la visita de los lagos de Ubari y de las dunas que lo rodean.

Era un hermoso día de sol aunque muy ventoso.

Salimos de Ubari, con dirección a Germa y, después de aproximadamente una hora de ruta asfaltada, doblamos abruptamente a la izquierda. De repente, pese a que parecía casi imposible, nos encontramos rodeados por magníficas dunas de arena.

Antes de llegar al Lago Mandara (actualmente seco) nos detuvimos varias veces para tomar fotos.

Llegamos al Lago Umm Al Maa (su nombre significa madre del agua), después el pequeño pero bello Lago Mavo. Finalmente el Lago Gebraoun, el más grande, rodeado de altas dunas de las que algunos turistas están tratando de bajar en esquí. Nos detenemos para almorzar antes de reanudar el camino de vuelta.

Los todoterrenos parecen flotar sobre la superficie de arena suavizada por el viento mientras que a nuestro alrededor se suceden un número infinito de fantásticas dunas.

De un momento a otro las dunas cambian de color: del amarillo al rosa, del rosa al ocre, del ocre al naranja.

Entonces de repente, así como habían comenzado, las dunas desaparecen.

En Tekerkiba retomamos la ruta asfaltada; con el tiempo justo para llegar a Sheba donde, luego de la típica espera en el aeropuerto, logramos volar a Trípoli  para regresar a Italia.

Libia nos sorprendió con bellezas arqueológicas muy superiores a las que esperábamos basados en nuestros estudios mientras que la parte desértica, el Akakus y las increíbles pinturas rupestres nos regalaron increíbles emociones.

 

 

Las fotos del viaje se pueden ver en slideshow con mùsica en el seguiente enlace: www.viaggiaresempre.it – Libia 2^ parte